La promesa

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Mi papá y yo en el Wrigley Field de Chicago en septiembre de 1995. Este fue el primer juego al que asistí en grandes ligas. La foto la tomó Antonio Figuera, a quien en vida quise como un gran tío porque no hay que ser de la misma sangre para considerar a alguien de tu familia.

MARCOS GRUNFELD

Escribir es algo que disfruto mucho pero siempre hablo de béisbol, cuando lo hago. Esta vez quise dedicar un tiempo para explicar lo que una promesa que hice ha significado para mí. Puedo decir que me sentí motivado por cuatro cosas: La primera es que estoy por cumplir esa palabra. La segunda es que hay mucha gente importante en mi vida a quien quiero que le llegue un mensaje de profundo agradecimiento. La tercera es que sé que en estos momentos muchos, con la situación del país, estamos atravesando por momentos difíciles y, tal vez, podía animar a algunos o eso espero. Y la última es que, debo reconocer, la necesidad que, desde hace tiempo, sentía de desahogar muchas cosas y ha sido un gran ejercicio ahora que lo logré.

Hay días donde un simple acontecimiento te cambia la vida y eso me pasó a mi hace poco más de cinco años.

Un día de mayo de 2011, alrededor de las nueve de la mañana, recibí una de las llamadas más aterradoras de mi vida.

Mi hermana mayor estaba al teléfono entre lágrimas y con la voz entrecortada me dijo que había tenido que llamar al 911. Mi papá, quien estaba visitándola, se había desmayado mientras desayunaba y lo obligaron a trasladarse de emergencia a un hospital en Cambridge.

Desde hace días él había perdido la noción del tiempo, se perdía mientras manejaba y a veces su visión fallaba, lo que ocasionaba que caminando se tropezaba con otras personas u objetos. Una vez dejó a mi hermanita menor en el colegio porque se le pasó la hora para recogerla. En otra oportunidad, entrando a un local de comida, chocó con la puerta porque simplemente no podía coordinar bien sus movimientos.

Varias veces le insistimos que fuera al médico, dado que estas situaciones eran cada vez más recurrentes. Él respondía que después de regresar de Boston lo haría.

La vida no le dio hasta entonces.

Mi hermana sabía lo que estaba pasando pero estaba tan desconcertada que no podía darnos la noticia.

A las cuatro de la tarde, finalmente, me dijeron lo que ocurría.

A mi papá le habían hallado un tumor cerebral de seis centímetros de diámetro, es decir, el tamaño de una pelota de tenis, según los médicos nos comentaron después. El mismo era producto de una metástasis de un tipo de cáncer que luego determinaron que se trataba de Melanoma, una de las formas de cáncer de piel.

No podía regresar a Venezuela en tal estado. Debía ser operado en lo inmediato, lo cual me obligó a dejar todo y acompañar a mi hermana, quien desde hace quince años vive en Boston, sola. Mientras él estaba en el quirófano, yo estaba en camino para allá y, cuando llegué, ya él estaba en terapia intensiva.

Todo fue tan rápido que, si soy sincero, no recuerdo ni cuanto tiempo estuve en Estados Unidos.

Entre las cosas que recuerdo es que mi papá me dijo que debía ayudar a mi mamá, encontrar un trabajo estable, aún cuando no me hubiese graduado, una meta que iba a tener que esperar y, en su lugar, empezar a colaborar en la casa.

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Mis hermanas y yo.

Él iba a apoyarme tanto como pudiera pero con esta situación no iba a ser mucho y así terminó ocurriendo.

Yo tenía un lustro dedicándome al periodismo deportivo. Acababa de terminar un período de colaboración de casi un año en las páginas de béisbol del diario Meridiano. Antes había trabajado en Líder y había elaborado mi propia página web de béisbol, en la cual se logró conseguir un público importante.

Pero, realmente, no sabía qué hacer ahora.

Yo quería estar en Estados Unidos apoyando a mi hermana y a mi papá, quien ahora debía someterse a un proceso de quimio y radioterapia, pero era imposible emigrar de esa manera, sin planificación alguna.

Pedro Ricardo Maio me ayudó mucho en ese sentido. Él estaba buscando un productor para Extrainning, un espacio matutino que transmite Meridiano Televisión (ahora en las tardes), y cuyo encargado de producción había decidido renunciar.

Poco después de llegar de Estados Unidos me llamaron para ver si tomaba el trabajo y, así fue, convirtiéndose esa en una de las oportunidades profesionales más importantes que he recibido, hasta ahora, y por la cual estaré eternamente agradecido tanto con Pedro como con María Alexandra Azar, quien fue mi jefa por casi dos años, y quienes me entregaron la responsabilidad de un espacio televisivo sin haber culminado mis estudios ni, para ese entonces, saber cuando iba a poder concluirlos. Aquí debo mencionar también a Carlos Mauricio Ramírez, quien un día en el estacionamiento del Bloque de Armas me invitó a tener un bloque en Se Habla Deporte, luego de ayudarlo a producir varios programas que fueron de su agrado.

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Este fue el día que Miguel Cabrera fue a recoger el Meridiano de Oro en el Bloque de Armas. En 2012, se convirtió en el primer pelotero venezolano en obtener el Jugador Más Valioso en las grandes ligas.

Allí aprendí muchísimo porque, para ser sincero, no tenía ninguna noción sobre televisión. Tanto así que el primer programa fue un completo desastre.

A mi papá no lo pude ver sino hasta seis meses después.

Él decidió volver a Caracas, al terminar su primera fase de quimioterapia, la cual le indicaron que debía esperar hasta febrero del año siguiente, con la finalidad de conocer los resultados de ese procedimiento y si habría una segunda etapa del mismo.

Tampoco hubo oportunidad para eso.

En febrero volvimos a Boston y al llegar nos dijeron que mi papá tenía esperanza de tres meses de vida. El tratamiento que le sometieron, el cual había recientemente pasado la fase experimental, no había arrojado los resultados esperados.

Yo había querido regresar a estudiar en ese mes pero con ese pronóstico fue imposible. Intenté hacerlo en octubre de 2012. Me inscribí en la Universidad, inclusive, y se lo comenté a mi papá. Me acuerdo de ese momento y lo alegre que se puso. Le prometí que me graduaría y esa ha sido, quizás, la promesa con la que más compromiso he tenido en mi vida.

No pude seguir, mi papá ya estaba muy enfermo, no podía concentrarme en clases y recuerdo haber pautado una reunión con una profesora para comentarle lo que me estaba sucediendo, ya que no quería que eso me perjudicara porque deseaba graduarme y que mi papá lo viera, pero él falleció, poco después de cumplir 58 años, y no pude reunirme con ella.

Esta etapa me dejó una gran amistad con Johanna Contreras. Una de las mejores cosas que me dejó Meridiano Televisión. Tan fuerte es la amistad que ni el hecho que se haya ido a vivir a México nos ha separado. Debo decir que fue la única persona que me acompañó en el entierro de mi papá. Una amiga incondicional como ninguna.

Después de ello tuve que alejarme un año más para recuperarme de mi pérdida, resolver muchos asuntos familiares que toda muerte cercana te deja, más cuando eres el único familiar directo de esa persona en el país y, por supuesto, ahorrar porque la situación que vive Venezuela, así lo amerita.

Nada más este año nos aumentaron, solo para el primer semestre de 2016, el cien por ciento de la matrícula con respecto al último período de 2015.

Al final pasé poco más de tres años fuera de las aulas.

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¡Gracias por tanto!

Al volver estaba más perdido que en el primer programa de Extrainning.

Mi primer parcial fue un desastre como aquel inolvidable primer día en Meridiano Televisión pero después rematé con un 19.

La forma de evaluación la habían cambiado desde la última vez que estudié. Eliminaron los exámenes finales y las reparaciones. Ahora es solo evaluación continua, algo de lo cual no me quejo, porque aquello realmente era fuerte.

La adaptación se me dificultó pues tenía, entonces, 27 años de edad y en mi salón la persona que me seguía tenía 20, cuanto mucho. Un día tuve que llegar preguntando en voz alta cómo evaluaban ahora pues estaba súper perdido (jejeje). Allí conocí a las primeras personas de mi promoción, la cual paradójicamente tiene a pocos o a nadie con interés en el periodismo deportivo.

Y digo paradójicamente pues, pese a la crisis de los medios en el país, ha sido un área cuyo interés ha crecido dentro de la Comunicación Social en los últimos años.

Ese semestre solo tuve problemas con una materia, la única que he arrastrado desde que me reincorporé a la Universidad. La dificultad de los exámenes era grande, en mi defensa, porque estudié como nunca lo había hecho.

Y después vino el verano más largo de mi vida.

A muchos nos pasa que creemos conocer a alguien que quisimos, que era importante en nuestras vidas y de quien después nos enteramos que son personas con un doble rostro. Eso me pasó mientras atravesaba el duelo de mi papá pero fue aquí que me enteré de todos los engaños y mentiras que por cuatro años realmente desconocí. Fue un golpe muy bajo de la vida, y de esa persona, a quien en todo ese tiempo le importó en lo más mínimo todo lo que estaba pasándome.

No entendía que se presentaran tantas dificultades de forma tan seguida y quise probar suerte en irme a Israel a comenzar desde cero. Lejos de absolutamente todo. Después de todo, allá nació mi papá y es normal graduarse tarde, dado que el servicio militar es obligatorio.

Arreglé algunos papeles pero en ese momento ellos estaban en guerra con Palestina, para variar, y entre eso y una serie de aspectos burocráticos preferí seguir con mi carrera en la católica.

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Mi papá y yo en Cooperstown en 2001.

Me tomé muy en serio la promesa que le hice a mi papá y no iba a dejar de cumplirla por ningún motivo.

Así que volví, me propuse que por esta vez solo me dedicaría a los estudios pero al mes caí enfermo con una Rinofaringitis Aguda. Estuve hospitalizado, me costaba respirar, tenía una tos que por tres semanas no me permitió dormir, hablar ni comer. Rebajé como ocho kilos en ese período hasta que por fin dieron con la cura.

Falté a clases por todo un mes y perdí un grueso grande de evaluaciones.

Me desanimé muchísimo, pensé por primera vez que de verdad no iba a lograr cumplirle a mi papá. Sencillamente, no comprendía que cada vez que me proponía algo se atravesaba un obstáculo en el camino.

Mi mamá fue aquí, y en realidad en todo este tiempo, un gran apoyo que he tenido. Capaz no tenga tiempo suficiente para agradecerle todo lo que ella ha hecho por mí.

La vida te pone pruebas para medir tu determinación para llevar a cabo tus metas.

Eso lo puedes ver mil veces en las fotos que la gente cuelga en Instagram, con las famosas frases motivacionales y, es hasta aburrido redundar en ello, pero cuando lo logras te das cuenta que es así.

El éxito depende de cuan determinado estés para lograr lo que deseas alcanzar aunque, ciertamente, haya una dosis de suerte necesaria.

En diciembre de ese año pasé un buen mes, por fin, porque pude recuperarme de la Rinofaringitis, los profesores me permitieron aceptar que tenía el reposo y pude volver, a pesar de la cantidad de clases que perdí.

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Entrevistando a Bob Abreu en diciembre de 2014, en la víspera de su retiro del béisbol, el cual anunció ese año.

Entrevisté en persona a Bob Abreu y a Maickel Melamed para un trabajo académico que me pidieron. Y hasta conocí a otra persona, con quien pasé un mes bastante agradable hasta que la vida, y ella, hicieron otras de las suyas.

En enero del año pasado tuve que, literalmente, encerrarme en mi cuarto y estudiar para presentar nueve parciales en dos semanas. De esos nueve, seis, cuando menos, eran exámenes de recuperación por lo que abarcaba toda la materia del semestre. Aprobé ocho de ellos y en el que reprobé saqué justo la nota que requería para pasar el semestre completo.

Me sentí tan avergonzado de salir tan mal en ese examen que me reuní con el profesor, al conocer mi nota, para explicarle lo que había hecho en ese lapso y que hice mi mayor esfuerzo.

Afortunadamente, comprendió la situación y pude celebrar lo conseguido.

Pero aquello que había comenzado tan bien en diciembre terminó repentinamente y, al estar tan ocupado recuperando el semestre, no había tenido tiempo de pensar porqué concluyó pues, literalmente, fue de la noche a la mañana y no por mí.

Con las vacaciones de febrero resultó salir a la luz, sin mayor esfuerzo ni vergüenza que la causa fue una persona que entonces era menor de edad, cuyos estudios en bachillerato no había concluido y que ni siquiera estaba viviendo en Venezuela.

Sí, es en serio.

(Ella ya estaba terminando sus estudios universitarios, por cierto).

Más allá de la situación, porque al final fue solo un mes, era volver a cuestionarse porque seguían sucediendo cosas así.

Decidí entonces finalizar el período sabático que había decidido tomar y volver a ponerme a trabajar mientras seguía los estudios, por supuesto.

Un grupo ligado a la Liga Venezolana de Béisbol Profesional me entregó la responsabilidad para llevar a cabo un proyecto que tenían un año diseñando.

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Con David Concepción en la Convención Anual de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional en República Dominicana. Fue en 2015. Allí nos autorizaron que La Tienda del Fanático fuera la plataforma oficial de mercadeo de la liga por Internet.

Era prometedor y, aunque no tenía nada que ver con lo que venía haciendo en el periodismo deportivo, me encantó la idea de desarrollar un trabajo de marketing para el circuito rentado, cuyo fin era desarrollar una tienda online para vender la mercancía oficial de todos los equipos que conforman la liga.

Pero la gran devaluación que hubo en el país hizo para mí inviable seguir. La velocidad con la que el dólar aumentó fue algo inesperado, al menos para mí, lo cual me hizo replantear si era rentable continuar vinculado a ese proyecto y más después de perder mi carro mientras asistía a una reunión con ellos, en agosto pasado.

Mi carro perdió el freno y me desvió del camino hasta chocar contra un muro que hizo que una de las ruedas delanteras se desprendiera y detuviera el carro. Gracias a eso fue solo un susto porque justo atrás venía otro vehículo que pudo causar un accidente mucho más grave.

No puedo describir lo que sentí mientras intentaba frenar y no lo lograba.

Al mes decidí apartarme del proyecto y comenzar a emprender algo propio con unos amigos.

Gerardo Boscán, a quien siempre le tendré un gran aprecio a pesar de lo que haya sucedido después, tenía tiempo insistiéndome en levantar un proyecto para llevar las relaciones públicas de algunos atletas profesionales.

(No concibo que una gran amistad termine por un desacuerdo laboral)

Como estaba en La Tienda del Fanático no podía emprender aquello hasta que no se estableciera esto pero, al renunciar, decidí apoyarlo con aquella idea.

Al terminar las clases de verano, las cuales cursé para aliviar el semestre antepasado, mi hermana me dijo que si estaba libre la fuera a visitar. Faltaba un mes para arrancar las clases y tenía dos años sin verla, desde el viaje que hice después que mi papá falleciera, así que le tomé la palabra y fui a verla unos días.

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En Dodger Stadium después de presentar el proyecto de GB Sports Communications, ahora Modern Sports Media, al agente en cuestión.

Allí aproveché para reunirme con un conocido agente de Los Ángeles, quien representa a varios grandeligas latinos, con la finalidad de hablarle de la idea que teníamos para ver si les interesaba que alguien emprendiera con ellos el manejo de las relaciones públicas de sus atletas con los medios nacionales.

El proyecto les encantó.

Nos pusieron a prueba durante toda la temporada de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional. Completamos varias actividades con ellos y estuvimos pendientes de sus muchachos hasta que concluyó la zafra. Durante la postemporada recibimos una fabulosa noticia. Un grandeliga venezolano de renombre sería parte ahora de esa agencia.

El día que ese pelotero cambió de representante nos avisaron que pronto cerraríamos un acuerdo a largo plazo con ellos. Estaban muy contentos con el trabajo que habíamos desempeñado y así nos lo hicieron saber, tanto ellos como los jugadores, cabe recalcar.

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Uno de los varios trabajos que logramos gestionar con un grandeliga venezolano para un photo shoot en esta revista que produce el Bloque de Armas.

En marzo me mandaron un boleto aéreo para ir a Miami. La verdad estaba muy emocionado con la oportunidad. Entendíamos que íbamos a cerrar ese acuerdo pero solo hubo una conversación amigable, en un almuerzo de una hora y hasta el sol de hoy, tres meses después, no hemos sabido más nada de ese agente, quien esquivó varias llamadas que le hicimos después.

Este revés fue doloroso porque estuvimos muy cerca de una gran oportunidad laboral.

O, al menos, eso creíamos.

Pero cuando una puerta se cierra, otra se abre.

Desde hace un par de meses cerramos un acuerdo con International Baseball Company de Yasser Méndez y ha sido un gran comienzo. La confianza que nos ha brindado Yasser, debo decir que, después de tanto significa mucho para Alejandro Álvarez Camino y para mí. Estoy seguro que expreso esto en nombre de los dos.

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La entrevista a Maickel Melamed con Fran Monroy apoyándonos.

Todo esto pasaba por mi cabeza en estos días mientras caminaba por la Universidad Católica Andrés Bello, razón de la promesa que estoy por cumplir, donde tantas veces Fran Monroy, otro gran amigo, me motivó a seguir adelante sabiendo muchas de las dificultades que aquí he contado y, algunas otras cosas, que obvié.

Mi alma mater me ha enseñado mucho más que las teorías de los pensadores más importantes de la historia o todo el proceso necesario para llegar a rodar un cortometraje, el cual es mucho más complejo de lo que algunos de ustedes creerían, valga acotar.

Esta casa ha sido mucho más que estudios.

Me ha enseñado a perseverar varias veces, a no rendirme, me ha dado mucho y por eso escribí esto pues hay un profundo agradecimiento que quería expresar.

Toda mi vida estaré orgulloso de ser ucabista.

Pues la UCAB me presentó a excelentes profesoras como Elsi Araujo y Esperanza Noronha.

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Los mejores amigos por siempre.

Aquí conocí a dos personas grandiosas como Marco Ibarra y Gabriela Gómez Lapenta. Pocas veces antes había conocido a personas cuya amistad sé que perdurará por siempre, porque así me lo han demostrado cada día desde que nos conocimos y ellos contarán conmigo, por supuesto, y ellos lo saben.

Y por último me han dado la oportunidad de desarrollar un documental sobre como a David Peralta también un día le cambió la vida, producto de una lesión en el hombro izquierdo que le truncó el sueño de llegar a grandes ligas como pitcher, pero también hubo un día que recibió ese llamado para cumplir su sueño y lo ha hecho en grande pero, ahora, como jardinero de los Dbacks de Arizona.

No puedo negar que, separando las distancias, claro está, me siento identificado con su historia y por ello decidí abordar eso como trabajo de grado.

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La imagen gráfica de la tesis que entregaremos en verano del año próximo.

Un día recibes una llamada que te cambia la vida, te caes y el levantamiento dependerá solo de cuanto deseas conseguir lo que quieres.

Yo ya cuento los días para recibir la llamada de Francisco Virtuoso para recibir mi licenciatura en Comunicación Social.

2 Comments

Excelente!

Saludos

¿ Que tal Marcos ? excelente nota, la pasión por el béisbol y el periodismo se ven que los llevas en la sangre. He seguido tu trabajo desde hace tiempo y me ha parecido muy bueno. Soy de tierra futbolera, el fútbol por ahora es mi fuerte en cuanto al deporte, pero jugué beisbol de pequeño y soy anotador en Criollitos Táchira. Que sigan los éxitos, pronto a estudiar la carrera. Espero tenerlo de colega algún día con el favor de Dios.

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